Tribunal Pola Xusticia Climática
Combustibles fósiles y agrocombustibles a xuicio
comenzó el juicio...
 
Comenzó el juicio...y sigue mañana sábado. El Tribunal adelantó la hora: a las 10 de la mañana.

Tras la apertura de las jornadas, y tras una mesa explicativa, donde la lonko mapuche Juana Calfunao, el lider ambientalista Tom Kucharz, la investigadora Mónica Vargas, y el magistrado J.A. Martín Pallín, explicaron sustentos sociales y jrídicos del Tribunal de Justicia Climática,

se conformó el Tribunal,  que presentó....

Nuestros fundamentos y objetivos

Cuando a finales de los años sesenta tenía lugar no sólo la guerra de Vietnam, sino la cadena de complicidades y silencios que hacían posible que en aquella confrontación se cometieran crímenes terribles, que hieren todavía las fibras más sensibles y hondas de la dignidad humana, la voz inquieta de ciertas personas vinculadas al pensamiento crítico hizo posible un grito, del que nació la idea de un Tribunal internacional que dijese no más!, que gritara ya basta!, que señalara responsables y actos que debían ser repudiados por la conciencia de la humanidad, es decir apelando a los valores que se supone compartimos, bien como punto de partida en cuanto especie e inteligencia sobre este planeta, o ya como vocación de convivencia, de civilización, como humanismo de confluencias, desde diferentes perspectivas y tradiciones, tanto culturales, como políticas, sociales, religiosas e ideológicas. Se hizo interpelando en el camino de una ética común.

Se pudo en esa época y en los años setenta constituir el Tribunal Russell, para  conocer y denunciar las responsabilidades de los Estados Unidos por crímenes de lesa humanidad en aquella guerra, y más adelante para enjuiciar ese mismo país y su política así como a las dictaduras en América Latina, es decir se continuó impugnando un orden representado en una serie de países cuyos regímenes y objetivos se basaban en violaciones graves a los derechos humanos, políticos, civiles, sociales, económicos, culturales y de los pueblos.

Fue el esfuerzo de intelectuales, escritores, juristas progresistas, académicos, artistas. De un conjunto humano que del Tribunal Russell pasó a la experiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos. De señalar infracciones de los Estados se evolucionó ya entonces a imputar también el papel de los que aparecían como centros articulados de decisión, los círculos de las compañías multinacionales, las transnacionales, los grupos económicos que al día de hoy siguen convirtiendo el sistema internacional de derecho cuando no en una más de sus capas de blindaje, en un cascarón en muchos sentidos vacío respecto de las aspiraciones de justicia, vida y dignidad de los seres humanos, de los pueblos y de las necesidades del planeta.

Tanto el Tribunal Permanente de los Pueblos en su amplio recorrido, juzgando no sólo crímenes sino el estado de impunidad estructural en el que se hallan y con los se cubren poderosos victimarios, como otros Tribunales constituidos a partir de los Derechos de los Pueblos, los que se homologan como tribunales éticos o de opinión, surgidos desde abajo, desde las realidades y no desde las ficciones, son tribunales que acuden al derecho violado, al derecho que ya está instituido, pero también al que habría que instituir o fundar. O sea, incorporan el derecho existente que es útil para la defensa de los pueblos y de la humanidad en su conjunto, derecho que suele ser violado por los Estados y por poderosos agentes económicos, pero también esos tribunales éticos inspiran y renuevan tareas para nuevas reglas, las que no se establecen oficialmente pero deberían constituir nuevas declaraciones y garantías.

Esos tribunales que reconocen el bien común de la justicia, y no conciben ésta como patrimonio de unos pocos, tienen todo lo que tiene un Tribunal según los órdenes de derecho nacional e internacional, menos una cosa. Hay jueces, hay conocimiento del derecho, hay unas normas, unos medios, unos recursos, unas formas, unos testigos, pruebas diversas, informes de expertos, documentos demostrativos, investigación previa, instrucción, espacios de debate y conclusión, dictámenes, juicios o sentencias, responsabilidades señaladas, sanciones a aplicar. Pero precisamente lo que no tiene es cómo aplicarlas, porque, yendo al inicio, a su naturaleza u origen, este tipo de Tribunales no son vinculantes jurídicamente, en tanto no emanan sus poderes de rituales oficiales con sus policías, ejércitos y cárceles como respaldo. No, sus funciones no nacen de repartos y tramas de poderes estatales o supraestatales que son de los que derivan elementos de coerción, de fuerza, de coercibilidad, de forzoso cumplimiento de las penas.

Por eso, basadas y basados en esa experiencia, hemos querido aclarar de qué van estos Tribunales, y éste Tribunal en concreto.

Debemos decir que no se trata de ningún remedo, ni de ninguna suplantación; no es ni una farsa ni una indebida sustitución. Quienes hacemos parte de este Tribunal como quienes apoyan su cometido y a él comparecen, no emergen de burocracias o aparatos políticos de un signo u otro. Retomando algo de un concepto del que últimamente se habla con cierta intensidad por ciertas publicaciones, la indignación, decimos que nuestro poder que es el de la palabra que a su vez se trenza con el derecho, nace de la indignación común, de la conciencia, de sentir que se hiere la condición social o dignidad colectiva de una humanidad atacada, una y otra vez reducida y expoliada, no sólo por las guerras injustas, de agresión, de pillaje, sino por los intereses egoístas que las fomentan, por las destrucciones que nos someten, que nos envilecen y que despojan de futuro a las próximas generaciones y al planeta entero y sus potencialidades.

Lo anterior hace parte de los fundamentos históricos y jurídicos, que son a su vez los soportes éticos de la constitución de un Tribunal que quiere y debe contribuir a hacer visible lo que se quiere ocultar, a hacer memoria de lo que se pretende olvidar. A sembrar algo de esperanza entre tanta inducida tribulación y cultura de la desesperanza y servidumbre.

Nuestra envestidura no es gubernamental, ni estatal, ni judicial en estricto sentido, no es institucional y formal, sino alternativa, popular, ética, de opinión. ¿Significa esto que estamos a espaldas al mundo político y sus batallas y posibilidades? No. Pues justamente buscamos concienciar y movilizar políticamente, incidir, dejar constancias, pronunciamientos que promuevan causas judiciales, avanzar en la documentación, en la memoria, en la amplia legitimación de las víctimas y de los excluidos frente a los mecanismos de tergiversación, omisión, represión y olvido que usan los victimarios. Y, como el Tribunal Permanente de los Pueblos lo indicó hace muchos años: a nuestro modo buscamos contribuir a las luchas de los que buscan transformar las condiciones de injusticia de este mundo, para, desde una revuelta moral y material, hacer que cambie, que se hunda lo injusto, que efectivamente el mundo sea mejor, y la forma de nuestro habitar en él sea respetuosa, siendo capaces de dejar un mejor camino a las generaciones por venir y sus derechos.

Específicamente para esta sesión, esa es la dimensión de lo que perseguimos nos comprometa: nada menos y nada más que la reafirmación que se viene haciendo con claridad desde hace años de luchar ante el cambio climático originado en un sistema depredador, siendo ya el mayor problema que enfrenta la humanidad, por sus impactos directos valorados científica y objetivamente, como por las consecuencias en las espirales de otras graves problemáticas, como el saqueo de recursos escasos y las guerras que a su vez aumentan el empobrecimiento y la más inhumana marginación, el hambre, las desigualdades de género, el control territorial en función del capital y el encadenamiento y extensión de las crisis: energética, social, alimentaria, económica, política. De civilización y de sentido de nuestro habitar en la Tierra.

Como se ha dicho en la convocatoria a este Tribunal, el cambio climático constituye por tanto una amenaza contra los elementos básicos de la vida humana en distintas partes del mundo: acceso a suministro de agua, producción de alimentos, salud, uso de las tierras, medio ambiente. El propósito es entonces visibilizar las causas del cambio climático y juzgar casos relacionados con el calentamiento global, situando en primera línea los agrocarburantes y los combustibles fósiles. Este Tribunal es una herramienta más en el límite. Un instrumento del que nos hemos dotado con derecho por supervivencia, para elevar como derecho de los pueblos la aspiración de construir juntos la justicia climática, comprendiendo qué irracional carrera nos ha llevado a estos momentos, analizar los antecedentes y tendencias, y sobre todo para motivar a crear y emprender agendas concretas de lucha, como se expresó en el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba de 2010.

Allí, en Bolivia, se confirmó esta propuesta, que fue trasladada a Naciones Unidas por el  presidente Evo Morales, que  propuso  la creación de un Tribunal contra el cambio climático, como un espacio permanente para investigar a gobiernos y empresas que contaminen el medio ambiente.

El actual sistema económico y político, así como la arquitectura internacional de comercio, finanzas e inversiones que respaldan niveles exagerados de consumo, son las principales causas del aumento de la concentración de gases de efecto invernadero, originado mayoritariamente por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural y otros) para la producción de energía y para el transporte que sostiene el modelo actual de desarrollo, así como la deforestación, la agricultura industrial y la industria extractiva a gran escala, entre otras.

La Justicia Climática se basa en el entendimiento elemental de que mientras el cambio climático requiere y requerirá acciones globales de todos los pueblos, la responsabilidad histórica de haber emitido la mayor parte (80%) de gases de efecto invernadero en los últimos 250 años es de los países industrializados del Norte. La energía barata -en forma de petróleo, carbón y gas- ha sido el motor para su rápida industrialización y crecimiento económico, sin reconocer la deuda ecológica, social, financiera e histórica con los pueblos del Sur y la naturaleza, que han generado.

La Justicia climática es ante todo un llamado a la transformación de las relaciones sociales desiguales. Relaciones económicas desiguales (que históricamente han generado exclusión, pobreza y miseria), relaciones políticas desiguales (que históricamente han excluido a los indígenas, negr@s, mujeres, pobres y a los países del sur) y relaciones ecológicas desiguales (que actualmente hacen víctimas del cambio climático a los pueblos más empobrecidos y excluidos de todo el mundo).

Orientemos entonces nuestros trabajos en diferentes ámbitos para reforzar la respuesta social a las necesidades de concienciación y movilización a favor de una efectiva Justicia que reconozca nuestras responsabilidades en la preservación del Planeta, de los bienes comunes, de la Madre Tierra, de las culturas, de la vida de la humanidad. Transformando un orden de injusticias que hay que detener urgentemente.

Es lo que vamos a construir para demandarnos y demandar con coherencia en los procesos de lucha social creativa y creadora de alternativas. Es la función de estas deliberaciones y de las decisiones que tomaremos y asumiremos.

Gracias.